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miércoles, 23 de abril de 2014

Si de verdad te interesas por el otro, serás mejor comercial





En el ámbito profesional hay que ser experto de algo, y para demostrarlo, vamos de "sobraos" y arrogantes y nos perdemos muchas cosas de los demás.



Esto nos pasa con frecuencia a los comerciales. En vez de escuchar atentamente lo que nos está contando nuestro cliente, entenderle, ver qué problemas tiene, cuales son sus ideas, cómo dirige su negocio, nos empeñamos en explicarle porqué tiene que hacer estos u otros cambios para adaptar su forma de trabajar a nuestro producto y comprarlo. Los resultados van a ser maravillosos. Esta forma de proceder nos genera ventas, sobre todo porque normalmente vamos a saber del tema más que el cliente, tendremos una cierta ascencencia sobre él, y generaremos suficiente confianza. Pero si no hemos entendido su negocio y estamos más preocupados por nuestra propia historieta, es posible que hagamos una mala venta. Con frecuencia nos quejamos de lo poco que entienden los clientes de tal tema, que no están mentalizados para los cambios, que dirigen su negocio de un modo obsoleto etc. y por eso las ventas de nuestro maravilloso producto, que les ayudaría horrores, se hacen difíciles.

Pienso que de este problema se genera el rechazo que sienten algunas personas por los comerciales. Gente que te acaba liando para que compres algo que no quieres, no necesitas, y que al final te genera complicaciones y pérdidas de tiempo, y por tanto, ya solo de pensar en ello, sientes un rechazo visceral.

Sin embargo la profesión de comercial es algo necesario, y bien aplicada presta valiosos servicios a los clientes. Debemos ser capaces de escuchar, de hacer al cliente las preguntas adecuadas para entenderle, para ver qué problemas tiene, y de ofrecerle, no lo que nosotros queremos vender, sino lo que el cliente necesita, y lo que le va a ayudar. Entonces verán en nosotros profesionales valiosos a los que siempre querán escuchar porque lo que les digamos va a resultar interesante para sus negocios.

Si vamos por ahí con la mente abierta, de un modo más humilde, intentando aprender algo de cada persona con la que interactuamos, podremos entender mejor las motivaciones de cada uno, y seremos mejores profesionales.

"Toda persona que conozco es superior a mí en algún sentido. En ese sentido, aprendo de ella." Ralph Waldo Emerson

¿Qué opinas?


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Cómo las creencias sobre el dinero influyen sobre la manera de hacer negocios





Hoy tenemos como estrella invitada a Verónica Deambrogio, especialista en finanzas personales y economía del hogar. Verónica es Directora Editorial de la primera revista española digital y gratuita sobre finanzas personales: MI DINERO: Tu Revista de Finanzas Personales, Fundadora del programa educativo Educación Financiera para Todos y Directora para España de Addkeen Consulting. Nos habla de un tema clave en el éxito comercial vinculado a la actitud y los condicionamientos mentales. 

Probablemente conozcas a alguien que describirías como un “as” de las ventas. Una persona que por su locuacidad y simpatía parece capaz de venderle hielo a los esquimales o abrigos de piel a los caribeños. Hasta puede hacerte creer que necesitas un gato como animal de compañía, aunque con sólo pensarlo se desate la reacción alérgica en todo tu cuerpo.

Son personas con un talento nato para las ventas, un don y dominio de la palabra que, simplemente, vende.

Yo conozco alguien así. Es una amiga muy cercana que, haciendo caso de su talento, se dedica a las ventas como comercial independiente de productos nutricionales.




Dadas sus habilidades y la excelencia del producto que comercializa, sería sencillo asumir que “está forrada”, “gana muchísimo dinero” o está muy cerca del éxito. En este caso, nada más lejos de la realidad.

¿Y sabes por qué? Por sus creencias sobre el dinero. Lo que ella piensa sobre el dinero afecta negativamente a su desempeño y, a pesar de que es excelente consiguiendo ventas, es malísima haciendo negocios.

Déjame explicarlo mejor.

Para mi amiga el dinero es algo necesario, pero siente que acumularlo o perseguirlo es de personas avariciosas o codiciosas. Cree que, si te gusta lo que haces o te resulta muy fácil, es injusto que encima te paguen por ello, porque eso sería como estar engañando a otra persona.

Y… ¡Hay que verla cuando le deben dinero! Según ella, cada uno debería ser consciente de sus deudas y obligaciones y hacer todo lo posible por saldarlas, por lo que reclamar deudas o exigir que te devuelvan un dinero prestado es algo, simplemente, impensable e inaceptable.

¿Y si no recuperas tu dinero? “¡Ya se encargará la vida de que pague por ello!”, responde ante mi insistencia cuando se enfada, disimulando la culpabilidad que siente al no ser capaz de afrontar sus miedos y la vergüenza que le provoca reclamar lo que es suyo.

Otras veces deja aflorar su vena altruista y responde que ella no lo necesita tanto como la persona a quien se lo ha prestado, haciendo caso omiso de la mala actitud de su deudor o de la buena vida que se está pegando a costa de su préstamo.

Para que lo entiendas mejor: mi amiga vende, y mucho más que la mayoría, superando cualquier promedio. Pero como todos sabemos que una venta no concluye cuando la otra parte ha dicho que sí, sino cuando efectivamente se ha cobrado, es ahí cuando puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que es pésima haciendo negocios. ¿Quieres que te de algunos ejemplos?

- Si percibe que algún producto suyo es un poco “caro” o que la persona está gastando demasiado, ofrece descuentos sin que se los soliciten y, por ende, sin que los aprecien.

- Inventa nuevas formas y facilidades de pago sin ninguna necesidad, incluso cuando el cliente tiene intención de pagarlo en efectivo.

- Confunde el deseo de los clientes con una necesidad y entrega sus productos sin tener pactada una fecha o forma de pago, dejando ese hecho al azar o a la buena voluntad del comprador.

- A veces hasta recomienda productos alternativos más baratos pero… ¡de la competencia!

- Se empeña en gastar lo que le ingresan sin control alguno, dejando los libros de caja como una mera decoración accesoria a su biblioteca.

Aunque su actitud con respecto al dinero te parezca ridícula,  poco profesional  y hasta  infantil, no deja de ser lógica y coherente con sus pensamientos. Para mi es claro que está equivocada y que tarde o temprano sus actos la llevarán a la ruina financiera pero, ¿acaso no es coherente su fuerte desapego hacia el dinero, si lo considera como algo malo o de personas avariciosas?

¿Sería lógico que administrara bien su dinero, llevara prolijamente sus cuentas y buscara rentabilidad a su negocio, cuando no valora siquiera el tiempo que dedica a su trabajo?

¿Realmente la crees capaz de reclamar una deuda sin sentir vergüenza por ello, por el sólo hecho de que es su dinero y le ha costado mucho esfuerzo conseguirlo?

Yo creo que no. Lo cual es lamentable, porque el dinero no es más que un medio que nos permite pagar las cosas importantes para nosotros, que nos asegura la tranquilidad mental y el bienestar de nuestra familia. Si lo despreciamos como medio, o lo tratamos como un fin en sí mismo, estamos confundiendo su verdadero valor o significado.

¿Acaso no debería tener ningún valor el tiempo que dejamos de dedicarle a nuestra familia o a nuestros hobbies por… trabajar? Si menospreciamos el dinero que obtenemos a cambio de ese tiempo, simplemente estamos menospreciando también todo lo demás.

Por eso quiero dejarte una reflexión para finalizar:

Lo que piensas es lo que eres.
Lo que creas merecer es lo que recibirás.
No puedes dar lo que no tienes.

Y recuerda:

Tus creencias definen tus pensamientos.
Tus pensamientos definen tu actitud.
Tu actitud define tus acciones.
Y tus acciones definen…tu destino. Tú eliges.

Verónica Deambrogio

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lunes, 18 de junio de 2012

He despedido a todos mis comerciales





He despedido a todos mis comerciales es una frase que estoy oyendo en los últimos meses. Empresas que han tenido un equipo comercial rentable, que han visto erosionada esta rentabilidad hasta ver cómo genera pérdidas. Una vez alcanzada esta situación, la misma se valora como irreversible, y desanimada por la coyuntura, la empresa prescinde de su fuerza de ventas. Al mismo tiempo la actividad comercial logicamente se reduce a la que puedan realizar unos directivos que no suelen estar capacitados para la misma, ni en cuanto a las competencias comerciales, ni sobre todo en cuanto a la organización y la constancia que require la acción comercial.¿Cual puede ser el desenlace de esta situación?

Mirandolo de un modo local, podríamos decir que los comerciales son culpables por no ser capaces de traer el número de ventas que justifique su puesto. Si ampliamos un poco el ángulo de visión culparemos al director comercial, en el caso de que exista, o a la dirección de la empresa. 

¿Se podría decir que la erosión de los mercados junto al aumento de la competencia ha acelerado el proceso de obsolescencia de los productos?

Hay empesas que han dejado erosionar esta rentabilidad sin tomar las acciones adecuadas intentando capear el temporal con la vista a "cuando la crisis pase".

En esta situación y si las empresas no cambian de modo de abordar el mercado, me temo que va a haber un número importante de agonías finalizadas en desaparición.

Con frecuencia los directivos delegan la responsabilidad de las ventas en un equipo comercial normalmente liderado por un director comercial, sin asumir la responsabilidad que tienen en garantizar el éxito de estos equipos.


Necesitamos un cambio radical en cómo nos planteamos las relaciones con nuestros clientes, pasando de estar centrados en nuestro producto, y ver cómo se lo encajo a una empresa, a centrarnos en las necesidades de las empresas y ver cómo podemos ayudarlas a solucionar sus problemas.

Tenemos que pasar de estar centrados en nosotros mismos a abrirnos a los mercados y a conversar con ellos. Muchas empresas disponen de conocimiento e información de utilidad para sus potenciales clientes, que les podría abrir muchas puertas, y no le sacan ningún tipo de rendimiento.

Hay que conocer a nuestros clientes por nombres y apellidos y cultivar nuestras relaciones con ellos de modo individual. Ya no nos sirve atacar el mercado a granel sin identificar exactamente su volumen, sino que necesitamos saber cuantos potenciales clientes existen y diseñar estrategias para relacionarnos directamente con cada uno de ellos.

Necesitamos olvidarnos de mandar mensajes publicitarios encapsulados en botellas y tirados al mar, y comenzar a conversar e interactuar de modo individual con cada potencial cliente.

No podemos enviar a nuestros comerciales desnudos a cruzar el desierto, sino que les tenemos que pertrechar y dar acceso a terrenos fértiles.

Tenemos que ver en nuestra marca y la imagen de la empresa como nuestro activo más importante y cuidar nuestra reputación como la llave que abre las puertas más difíciles de traspasar.

Debemos dejar de mirar a la competencia  como al enemigo y considerarla como un potencial aliado para acceder al mercado, sabiendo que cada empresa tiene puntos fuertes diferenciados.

Debemos ser generosos con nuestro conocimiento y hacerlo público, demostrando más abiertamente nuestras competencias.

Tenemos que tocar el corazoncito de cada cliente, preocuparnos de verdad por sus problemas y por el desarrollo de su empresa.

Hay que olvidarse de la complacencia con el cliente y decirle lo que más le interesa, en vez de decirle lo que quiere oir.

Hay que hacer planes para mañana, para la próxima semana, concretos, realistas, y ponerse manos a la obra. Hay que desterrar el desánimo y los brazos bajados.

¿Qué pensáis que se han olvidado de hacer los responsables de las empresas?


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viernes, 30 de julio de 2010

Paralelismo conceptual entre venta telefonica y venta presencial





En un principio podría pensarse que realizar venta telefónica es radicalmente distinto de la venta presencial. Y lo es en cuanto a la necesidad de profesionales de la venta con cualidades y competencias muy diferenciadas. Sin embargo, el proceso de venta es paralelo y conceptualmente igual. Comparo las características de la venta presencial y telefónica en un modelo comercial en el que en ambos puestos el comercial tiene la responsabilidad completa e igual sobre el proceso de venta, desde la prospección al cierre.

Por ejemplo, un comercial de calle debe tener una gran capacidad para optimizar sus rutas comerciales, y ser muy organizado para realizar una planificación eficiente de su tiempo fuera de la oficina. Parece obvio, pero debe ser bueno orientándose trabajando con un navegador GPS y con callejeros. Su presencia debe inspirar confianza y una gran seguridad en si mismo. Es de gran relevancia el aspecto, y la vestimenta correcta y discreta.

En cambio, es crítico para un comercial de teléfono manejar con eficacia las herramientas de comunicación de las que dispone, el lenguaje, la entonación, y la elaboración de e-mails. Debe ser especialmente bueno en prospección y en hacer un seguimiento de sus clientes sistematizado. Es de gran relevancia la “higiene” del lenguaje: hablar sencilla, directa y correctamente, sin muletillas o giros que despisten a nuestro interlocutor.

Es interesante que un comercial de calle puede aprender mucho de un comercial de teléfono. Para aumentar su eficacia puede observar el refinamiento en la comunicación por e-mail que necesita un comercial de teléfono, y aplicarlo en el seguimiento de sus oportunidades comerciales. De modo inverso el comercial de teléfono puede sacar conclusiones de cómo se desarrolla el proceso de la venta presencial y aplicar estos conceptos al faseado de sus interacciones con sus prospectos. Y esto es así porque conceptualmente el proceso de la venta es igual en ambos casos. Simplemente se aplican herramientas distintas en distintos momentos.

Puedes leer mi articulo completo publicado por la Asociacion de Marketing de España en su boletin "mkt informa" de fin de julio aqui: Paralelismo conceptual entre venta telefonica y venta presencial