lunes, 9 de septiembre de 2013

Leo Harlem, Gila y Eugenio nos enseñan a diferenciarnos en nuestro marketing de contenidos





Si conseguimos entretener, divertir, y hacer que nuestros consumidores de contenidos pasen un buen rato con nosotros, puede que no tengamos que ser especialmente buenos en generar un contenido relevante, original o novedoso

El marketing de contenidos está ya presente en el 90 % de las empresas, y es utilizado para generar solicitudes de nuevos clientes, crear notoriedad, o fidelizar y vincular a nuestros clientes con nuestra marca. En un entorno en el que la comunicación tradicional y la compra de impactos publicitarios pierden eficacia, el marketing de contenidos se presenta como una herramienta imprescindible.

La generación de artículos, informes, la curación de contenidos, o los webinars y videos, se pueden apoyar en Internet para convertirse en acciones de bajo coste, que se puede permitir cualquier empresa. Como toda estrategia utilizada masivamente, dependiendo de nuestro sector, o del nicho en el que actuemos, empezaremos a encontrar saturación y crecientes dificultades para tener éxito.



Es más importante cómo lo decimos, que lo que decimos

Con nuestros contenidos queremos atraer a nuestros potenciales clientes, interesándolos por nosotros, demostrando nuestros conocimientos. Si somos mejores que nuestra competencia, ofrecemos algo distinto, enganchamos más a nuestra audiencia, le podremos sacar más jugo a nuestra inversión.

El modo de ofrecer nuestro contenido es, por lo menos, tan importante como el contenido mismo. El envoltorio marca si triunfamos o no con nuestro regalo. Es más importante cómo decimos la cosas que la información misma que trasladamos. De hecho, si conseguimos entretener, divertir, y hacer que nuestros consumidores de contenidos pasen un buen rato con nosotros, puede que no tengamos que ser especialmente buenos en generar un contenido relevante, original o novedoso. Si hacemos las dos cosas ya somos los reyes del mambo.

Un pequeño inciso sobre la información y el conocimiento. Hoy está a nuestra disposición más información que nunca. El conocimiento es otro asunto; requiere una capacidad para extraer conclusiones de la información. Segun la RAE, conocer es "averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas". De hecho, realmente, lo que trasladamos a nuestros interlocutores son mensajes creados a partir de la información que disponemos. Si somos expertos en una materia, estos mensajes, cuidadosamente construidos, intentarán trasladar el conocimiento extraído de la información, demostrando a nuestro mercado nuestras competencias. Así, en el marketing de contenidos estamos en un entorno diferente a lo que puede ser un periódico, que  fundamentalmente vende información, medida en su cantidad y de modo inverso, con la probabilidad de ocurrencia del hecho contado.

5 herramientas de risa

A nuestra disposición tenemos distintas herramientas para enganchar a nuestros potenciales clientes con nuestros contenidos. Hoy nos vamos a centrar en el cómo los trasladamos, y en particular nos vamos a fijar en las herramientas del humor. Vamos a buscar analogías en las cosas que nos divierten y nos hacen reir, para intentar aplicar las conclusiones a la generación de nuestros contenidos. Además nos van a ayudar tres humoristas geniales, pero muy diferentes en su manera de hacer humor: Leo Harlem, Gila y Eugenio.

Intentando ser un poco más científico de lo que podría ser sin más, busco en Internet qué cosas nos divierten, nos hacen reir; esto es lo más recurrente:

1.- La sorpresa
2.- La singularidad, un acontecimiento insólito
3.- La paradoja, lo incongruente, lo inesperado
4.- Lo absurdo
5.- La ambiguedad semántica, sobre todo cuando el doble sentido se expresa con una palabra al final de la frase

Lo que nos hace gracia también depende profundamente de nuestra cultura y de nuestro carácter personal. Así hay personas que les llega más el humor directo, sencillo, y otras que prefieren un humor más basado en las ambivalencia y en lo absurdo. He vivido cinco años en Alemania. Recuerdo que al principio, cuando se reían todos en la mesa menos yo, pensaba que no había entendido lo que decían; pero después de cinco años, con un avanzado dominio del idioma,  a veces me seguía quedando a cuadros. En todo caso, mi chiste preferido es de un humorista alemán. Personalmente me encanta el humor surrealista, lo radicalmente absurdo.

Si analizamos a nuestros tres humoristas de hoy, podríamos decir que Leo Harlem es un maestro en buscar la complicidad con el público, exprimiendo al máximo los aspectos culturales; dudo que traducido al Inglés o Alemán tuviera mucha gracia. Pienso que también divierte su verborrea y uso del lenguaje, incluido el corporal.

Gila era un experto en contar historias, y en convertirlas en absurdas, en las que acciones cotidianas puestas en un contexto ajeno se convierten en sorprendentes. También encontraba la complicidad con el espectador.

Eugenio era el genio de lo surealista y de contar chistes con finales sorprendentes. Su modo de actuar ya era surealista en sí.

¿Era Gila el mejor de los tres?

Podemos utilizar estas herramientas para elaborar nuestros contenidos, dándoles un toque divertido y poniéndoles un poco se sal. Si conseguimos entreter seguro que cada vez tenemos un mayor número de potenciales clientes interesados en nuestra marca y productos.

 "El humor sólo es posible si uno es capaz de desarrollar cierto nivel de pensamiento abstracto. Se lo podría definir como una especie de placer intelectual" Tristán Bekinschtein

¿Qué opinas? ¿Qué herramientas del humor te gusta más utilizar en tu marketing de contenidos? ¿Cómo trabajas para generar "placer intelectual" en tus lectores?

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