lunes, 3 de febrero de 2014

Marketing de país: barcos de madera contra cascos de acero





Comparando lo casposo y la imagen de embrutecimiento de los toros con la frescura y diversión del K-pop, vemos donde estamos

Creo que a nadie se le escapa la importancia que tiene para un país la imagen que se tiene del mismo en el resto del mundo. El marketing se hace a muchos niveles, y nuestra capacidad de competir a nivel global está marcada por nuestra marca de nación. Lo queramos o no, nos guste más o menos, las banderas representan mucho, y dicen muchas cosas de las personas que viven en un territorio.

Igual que en una empresa, la existencia de mensajes disgregados, la incoherencia, los reinos de taifas, la falta de liderazgo, no ayuda para nada. Cuanto más coherentes y más fuertes seamos mejor vamos a poder competir.




Tenemos que cambiar

Muchos en España estamos preocupados por el desarrollo de nuestra marca de país. Algo que afecta enormemente a nuestras vidas, mucho más de lo que nos creemos. Desde cómo nos van a tratar cuando salimos fuera, cómo se van a tener en cuenta nuestras opiniones e intereses en foros internacionales, hasta las posibilidades que tiene una empresa de conseguir un contrato en otro país. Uno de los ejemplos más claros es el de Alemania. Sea como sea un producto si es alemán ya lo vamos a percibir mejor, aunque no lo sea tanto.

El tan nombrado complejo de inferioridad, que se supone tenemos los Españoles a la hora de salir al exterior a competir, pienso es un reflejo de que en el fondo sabemos lo que somos. Capaces de lo mejor y de lo peor, de lo más brillante en ocasiones, pero inconstantes y acomodados en la mediocridad la mayor parte de las veces. Enemigos de la excelencia que destapa nuestro mediocre desempeño. Un país carente de liderazgo y establecido en el oportunismo. Aquí lo que manda es el oportunismo, en los negocios, en la política, en el día a día. El oportunismo sirve a unos pocos, alimenta intereses privados, y esquilma a los que están fuera del juego.

Por las causas que sea tenemos problemas para integrar el bien común en nuestras decisiones individuales. El egoísmo individual rige nuestros destinos.

Podríamos ser los reyes del mambo

Y sin embargo tenemos las mejores cualidades para ser un país excepcional. Sólo hay que echar un vistazo a nuestra cultura, nuestra herencia, al arte, la creatividad, la enorme diversidad. Aunque hemos perdido puestos, somos el tercer país del mundo con más patrimonio de la humanidad de la UNESCO. Con un mayor liderazgo político podríamos estar a otro nivel. Al movernos en el ámbito del oportunismo no le sacamos partido a nuestras extraordinarias capacidades y potencial, y no extraemos el jugo a nuestros puntos fuertes. Hemos sido campeones del mundo de fútbol, admirando a todos con nuestro juego y nobleza. ¿Donde están los réditos para el país de tal éxito?

Necesitamos líderes políticos que marquen el rumbo. Se me cae el alma a los pies cuando veo algunas de las acciones que realizamos relacionadas con la Marca España; ¿se puede ser más rancio y trasnochado? ¿A qué intereses sirven?

Necesitamos líderes políticos que marquen el rumbo Tuitear

Un ejemplo que me ha llamado poderosamente la atención en cuanto a liderazgo en marketing de país es el desarrollado por Corea del Sur con su K-pop. Una estrategia perfectamente orquestada para reforzar su marca, que genera un producto cuidadosamente diseñando y promocionado, y hace que millones de personas de todo el mundo descubran el país, deseen visitarlo, y hasta deseen aprender uno de los idiomas más difíciles que existen. Centrarse en el cliente y ofrecerle lo que le gusta suele dar resultados. Más del 10% del turismo que recibe el país lo atrae el k-pop.

Ejemplo de marketing país: Corea del Sur con su K-pop Tuitear

La economía número 16 nos va a arrancar las pegatinas de la moto:

- España, número 15 con PIB 1.307.000 MM $ y un crecimiento de -1,3 % en el 2013
- Corea del Sur, número 16 con PIB 1.234.000 MM $ y un crecimiento de 3,6 % en el 2013

Somos la cola de los grandes, espero que no acabemos siendo la cabeza de los pequeños.

Mientras tanto nosotros liados con los toros, o haciendo el ridículo en la búsqueda de unos juegos olímpicos, encabezados por alguien sin contrato, al que le ha enviado su papá. Vamos a ver, comparemos lo casposo y la imagen de embrutecimiento de los toros con la frescura y diversión del K-pop. No hay color. No me extraña que haya catalanes que se quieran ir. Seguimos mandando barcos de madera contra buques de casco de acero.

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