viernes, 18 de junio de 2010

El éxito a veces llega cuando a él le viene en gana





Siempre intentamos poner fecha y hora al éxito. Y esto es necesario si queremos reunirnos con él. Pero a veces falta díscolo a la cita y aparece cuando le viene en gana.

Uno de los deportes con los que más disfruto es la pesca de la trucha con mosca ahogada. Lo practico “pescando el río”, lo que implica recorrer varios kilómetros en una jornada de pesca, lanzando y recogiendo permanentemente una ristra de varios mosquitos artificiales; el elemento que permite dirigir los mosquitos al sitio deseado es una boya de plástico del tamaño de una ciruela pequeña. Al placer de la pesca añado la elaboración propia y artesanal de los mosquitos.

Mi última jornada de pesca discurrió de la siguiente manera. Comienzo a pescar hacia las 11:30, y durante las 3 primeras horas de pesca ni siquiera tengo una picada. A estas alturas ya hay pescadores desmoralizados, sentados en el suelo y charlando. Detecto un sitio con movimiento; después de insistir aquí intermitentemente saco una preciosa trucha de 700 gr. (¡no está nada mal!). Hacia las 15:00, y visto el panorama, empiezan a claudicar los primeros pescadores. Yo sigo con la pesca sacando muy de cuando en cuando alguna pieza pequeña, que con cuidado extremo libero y devuelvo al agua. Empieza a llover, se levanta un desagradable viento, y comienza a hacer frío; la pesca se hace dificultosa y desagradable. Hacia las 17:00 soy ya el único que sigue pescando. En una vuelta del río el viento se nota menos, ¡y las truchas más!. En 15 minutos saco 3 hermosas truchas de buen tamaño. Hacia las 18:00 pliego la caña. Ya he pescado las 4 truchas permitidas como máximo en este tramo. El impermeable se ha calado por varios sitios, tengo frío, pero estoy felizmente agotado. Hoy el caudal y la anchura del río me han obligado a lanzar frecuentemente con todas mis fuerzas buscando las truchas. Me queda un paseo de 2 km. hasta el coche.

¡Que buenas las sopas de trucha, receta leonesa, con hogaza de Zamora hecha en horno de leña! Al final a mis invitados ya les daba verguenza seguir comiendo.

Te tiene que gustar mucho lo que haces, poner todo tu empeño, y a veces tener un poco de paciencia, o la que haga falta.

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